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PRINCIPIO DE REALIDAD
Según la teoría de Freud el Principio de Realidad es uno de los principios que rigen el funcionamiento mental. Forma un par con el Principio de Placer, el cual tiene por función evitar el displacer y asegurar el placer, ya que el displacer tiene que ver con un incremento de la tensión, y el placer está relacionado con la disminución de esas cantidades de excitación. Se caracteriza por tener la tendencia de llevar a las personas a buscar placer y evitar el dolor. El principio de placer supone una búsqueda de lo placentero y una huida del dolor, que nos impulsa a realizar aquello que nos hace sentir bien.
En la teoría psicoanalítica el principio de placer se encuentra ligado a la parte del inconsciente dedicada a satisfacer los impulsos de placer y deseos libidinales del individuo (el ello). Tal proceso se esfuerza por ganar placer, por tanto, la actividad psíquica se retrae de cualquier acontecimiento que pueda provocar desagrado.
El “ello” intentará a toda costa satisfacer los impulsos instintivos que generan placer y permiten que la energía psíquica fluya libremente, pero el “yo” no se lo permite, pues sabe que existe un contexto cultural y social al que debe amoldarse; ahí es donde entra en juego el principio de realidad.
Dentro de esta perspectiva, los dos principios aparecen como fundamentalmente antagonistas, por cuanto la realización de un deseo inconsciente respondería a diferentes exigencias y funcionaría según otras leyes que la satisfacción de las necesidades vitales.
En un principio las pulsiones sólo buscarían descargarse, satisfacerse por los caminos más cortos. Progresivamente efectuarían el aprendizaje de la realidad, que es el único que permite, a través de los rodeos y aplazamientos necesarios, alcanzar la satisfacción buscada. Si entendemos esencialmente por placer la satisfacción de una necesidad, cuyo modelo lo constituiría la satisfacción de las pulsiones de autoconservación, la oposición principio de placer-principio de realidad no ofrece nada de radical, tanto más cuanto que fácilmente puede admitirse la existencia en el organismo vivo de una dotación natural, de predisposiciones que hacen del placer una guía de vida, subordinándolo a comportamientos y funciones adaptativas.
Considerado desde el punto de vista económico, el principio de realidad corresponde a una transformación de la energía libre en energía ligada; desde el punto de vista tópico, caracteriza esencialmente el sistema preconsciente-consciente; desde el punto de vista dinámico, el psicoanálisis intenta basar el principio de realidad sobre cierto tipo de energía pulsional que se hallaría más especialmente al servicio del “yo”. El principio de realidad es la modificación del principio de placer del Ego que gobierna el Ello. Es la manera que encuentra el Ego de descubrir el equilibrio entre lo que el Ello quiere y lo que es posible, contando con las realidades del ambiente externo. Es la habilidad, capacidad, madurez y fuerza para enfrentarse con la realidad percibida.
El principio de realidad se opone al principio inconsciente de placer que quiere gratificación inmediata, la cual puede ser irracional y ambivalente. La realidad demora el placer y se adapta a la realidad mediante el uso de mecanismos de defensa apropiados. La realidad es el medio físico y social de adaptación. El principio de placer representa la vía corta y fácil. El principio de realidad es la vía larga y difícil; no se da sin renuncia y sin aflicción.
El principio de realidad es el principio regulador del funcionamiento psíquico, aparece secundariamente como una modificación del principio de placer, que en los comienzos es el que domina. Su instauración corresponde a una serie de adaptaciones que debe experimentar el aparato psíquico, como lo son, el desarrollo de las funciones conscientes, atención, juicio, memoria; sustitución de la descarga motriz por una acción encaminada a lograr una transformación apropiada de la realidad; nacimiento del pensamiento, en la que se desplazan pequeñas cantidades de catexia, lo que supone una transformación de la energía libre, que tiende a circular sin trabas de una representación a otra, en energía ligada. El paso del principio de placer al principio de realidad no suprime al primero. Por una parte, el principio de realidad asegura la obtención de las satisfacciones en lo real; por otra parte, el principio de placer continúa imperando en todo un campo de actividades psíquicas, especie de territorio reservado, entregado al fantasma y que funciona según las leyes del proceso primario: el inconsciente.
El principio de realidad es el principio regulador del funcionamiento psíquico en el nivel individual de la segunda tópica. En el nivel consciente, el Yo es el productor de pensamiento, como actividad psíquica que supone una transformación de la energía libre que circula sin trabas de una representación a otra en el nivel inconsciente, a una forma en que la representación permanece energéticamente ligada y determinada por el principio de realidad. En este nivel el proceso se corresponde con la transformación de las representaciones cargadas, preparando la descarga motriz por una acción encaminada sobre la realidad.
En la medida en que Freud, con su segunda tópica, define el Yo como una diferenciación del Ello, que resultaría del contacto directo con la realidad exterior, hace de él la instancia cuya misión sería garantizar el imperio del principio de realidad. El Yo [...] “intercala, entre la reivindicación pulsional y la acción que procura la satisfacción, la actividad de pensamiento, que orienta en el presente y utiliza las experiencias anteriores, intenta mediante acciones de prueba, el resultado de los proyectos considerados. De este modo, el Yo llega a descubrir si la tentativa de obtener la satisfacción debe efectuarse o aplazarse, o si la exigencia pulsional no debe ser simplemente suprimida como peligrosa (principio de realidad)” (Laplanche y Pontalis, 1981). Esta formulación representa la expresión más franca de la tentativa de Freud para hacer depender del Yo las funciones adaptativas del individuo a la realidad.
El principio de placer supone una búsqueda de lo placentero y una huida del dolor, que nos impulsa a realizar aquello que nos hace sentir bien. El principio de realidad subordina el placer al deber. La subordinación del principio del placer al principio de realidad se lleva a cabo a través de un proceso psíquico denominado sublimación, en el que los deseos insatisfechos reconvierten su energía en algo útil o productivo. Por ejemplo, el deseo sexual, ya su práctica continua supondría el abandono de otras actividades productivas (trabajo, arte, etc.), el hombre sublima sus deseos y utiliza su energía para la realización de otras acciones (deporte, literatura, juego). Según Freud sin la sublimación de los deseos sexuales no existiría civilización.
Por ejemplo los niños pequeños se rigen por el principio de placer, “me apetece esto, pues lo hago y si no, se frustran y pueden entrar en algun episodio de crisis y llanto, sin embargo, conforme van creciendo van adoptando el principio de realidad, lo que les permite tomar unas decisiones más racionalizadas y les ayuda a regular su sentimiento del “ya”, la “inmediatez” y comprenden que en algunas ocaciones deben esperar o posponer su deseo por algun tiempo.
El principio de realidad no se opone al principio del placer, sino que es como un rodeo o prolongación del camino de la satisfacción, de hecho, el aparato psíquico jamás ha funcionado conforme al puro esquema del proceso primario. En último extremo, el principio del placer considerado en su estado puro es una ficción didáctica, y correlativamente, el principio de realidad designa el funcionamiento normal de un aparato psíquico regido por los procesos secundarios. Pero, por otra parte, el principio del placer es quien anima toda la vida fantasmática, tanto en sus formas normales como patológicas, desde el sueño a las ilusiones religiosas, pasando por los ideales. Teniendo en cuenta esas sus formas disfrazadas, el principio del placer parece imposible de ser rebasado. Por eso el principio de realidad designa un régimen de existencia difícil de alcanzar.
Bibliografía
LAP Diccionario de psicoanálisis / Jean Laplanche y
Jean-Bertrand Pontalis : bajo la dirección de Daniel Lagache.- Ia ed. 6freimp.- Buenos Aires : Paidós, 2004.
Freud: Una interpretación de la cultura
Paul Ricoeur
primera edición en español, 1970
octava edición en español, 1990
© siglo xxi editores, s.a. de c.v.
isbn 968-23-0173-4
ASS El vocabulario de Freud
Assoun, Paul-Laurent
ed. – Buenos Aires: Nueva Visión, 2003