En algún café de algún lugar...
LA MADRE DEPRIVADA (1940)
De acuerdo con D. Winnicott, los sentimientos concernientes a los niños no son los mismos que los sentimientos especiales que experimentan los padres hacia sus propios hijos. Lo que da sentido a la vida de muchos hombres y mujeres es la experiencia de la primera década de vida matrimonial, el período en que se construye una familia. Y en que los niños necesitan todavía esas contribuciones a la personalidad y el carácter que los padres pueden hacer. Para los progenitores, renunciar al contacto permanente con sus hijos constituye sin duda una difícil prueba.
A pesar de que D. Winnicott escribió esta obra refiriéndose a las familias que estaban pasando por la época de la primera evacuación, es un tema que se aplica para cualquier momento de la vida. El deber o la función de las madres (también de los padres) no es sólo lograr que los hijos estén bien y que la pasen bien, sino también es ayudarles a crecer y a desarrollarse para que sean adultos sanos, independientes y que puedan formar una familia.
Con respecto a las afirmaciones: “Los padres suelen quejarse por el tratamiento que sus hijos reciben mientras están lejos del hogar, y creen todo lo que un niño puede inventar en cuanto a malos tratos y, sobre todo, a mala alimentación.” y “Debe esperarse que una madre sienta antipatía por toda persona que descuide a su hijo, pero es igualmente razonable esperar que una madre experimente esa misma antipatía por quien cuida de su hijo mejor que ella misma, pues ese tipo de cuidado despierta su envidia o celos. Es su hijo y, simplemente, quiere ser la madre de su propio hijo” (D. Winnicott). En mi opinión, es cierto, ya que los padres sentimos que nadie puede cuidar y educar a los hijos mejor que nosotros, además podemos llegar a sentir un poco de celos o envía al ver que nuestros hijos pueden estar o sentirse mejor en un lugar que no sea su hogar o con personas que no sean sus padres. Aunque hay que tener mucho cuidado con la forma en que se maneja esta situación ya que lo niños podrían sentir algún tipo de culpa. Por ejemplo, podrían sentir que están traicionando a sus padres.
LA CAPACIDAD DE ESTAR A SOLAS (1958)
D. Winnicott concluye que, la base de la capacidad para estar solo es, una paradoja, reside en la experiencia de haberlo estado en presencia de otra persona. Así, el niño, que adolezca de una organización del ego, podrá estar solo gracias a recibir un apoyo del ego digno de confianza. Son muchas las personas que, antes de salir de la niñez, ya han aprendido a gozar de la soledad y que incluso llegan a valorarla como uno de sus bienes más preciosos. La capacidad para la soledad es susceptible de presentarse bajo dos aspectos: o bien como un fenómeno sumamente “refinado” que aparece en el desarrollo de la persona después de la instauración de las relaciones triangulares o, por el contrario, como un fenómeno de las primeras fases de la vida que merece un estudio especial por tratarse de la base sobre la que se edificará la capacidad para el tipo de soledad descrito en primer lugar. La capacidad para estar solo depende de la existencia de un objeto bueno en la realidad psíquica del individuo. Únicamente al estar solo (en presencia de otra persona) será capaz el niño de descubrir su propia vida personal.
Antes de leer esta obra no había visto de esta forma la importancia de la capacidad de estar solos, si bien es cierto que, siempre pensé que el soportar estar solos lo veía como una manera de estar sanos mentalmente y que las personas que podían estar solas sin sentir la necesidad de siempre estar en compañía reflejaban madurez emocional y una mayor y mejor capacidad de elegir con quién estar al momentos de estar acompañados, ahora veo que es más profundo que eso, un niño que ha tenido un buen objeto interno, que ha podido disfrutar de la soledad aún estando en presencia de la madre, que es capaz de disfrutar del juego individual sanamente, tendrá una madurez emocional y demostrará que los objetos interiorizados buenos se encuentran en el mundo personal e interior del individuo, dispuestos a ser proyectados en el momento oportuno.
EL DESTINO EL OBJETO TRANSICIONAL (1959)
Según D. Winnicott, el objeto transicional es el objeto que le va a ayudar al niño al pasaje de lo interno a lo externo, de lo subjetivo a lo objetivo, con lo cual el niño va a poder tolerar la ausencia materna, hasta que pueda internalizar y no la necesite de manera objetiva, sino que la tenga dentro. A través de este objeto transicional, el niño puede tolerar las privaciones y frustraciones, a superar sus angustias depresivas y a afrontar situaciones nuevas, a poder relacionar realidad subjetiva y realidad objetiva. Con este objeto se pone en marcha la capacidad del bebé para el uso de símbolos, y si el crecimiento prosigue su marcha el objeto transicional resulta ser el primer símbolo. En este caso el símbolo es al mismo tiempo la alucinación y una parte objetivamente percibida de la realidad externa, es representativo tanto del pecho de la madre como del pecho internalizado de la madre.
Winnicott también comenta que en el período en que el bebé utiliza objetos transicionales se procesan otras transiciones. Por ejemplo: la que corresponde a las capacidades en desarrollo del niño, su creciente coordinación y el paulatino enriquecimiento de su sensibilidad, el sentido del olfato, la textura tiene mayor significado, etc.
Luego de haber leído y haberme documentado sobre el tema pienso que no es imprescindible que el niño tenga un objeto transicional si él así no lo requiere o no lo necesita. No sería ni bueno ni malo porque al final es un objeto del cual el niño se va a apoyar para hacer la transición y pasar por la etapa en que comienza a experimentar y a entender que existe un mundo fuera de él. Por lo general los niños recurren a los objetos transicionales cuando tienen un momento de tensión, cambio de escuela o casa, violencia intrafamiliar, separación de los padres o algún otro evento que les cree ansiedad y ellos no puedan manejar. Lo habitual es que, a medida en que pase el tiempo ellos lo vayan dejando poco a poco.
DESARROLLO EMOCIONAL PRIMITIVO (1945)
El principal objetivo de este escrito es, presentar la tesis de, que el desarrollo emocional precoz del niño, antes de que éste se conozca a sí mismo (y por ende a los demás) como la persona completa que es (y que los demás son), es vitalmente importante. Aquí están las claves de la psicopatología de la psicosis. D. Winnicott menciona tres procesos que empiezan muy pronto: la integración, la personalización y la comprensión. La integración comienza en el mismo principio de la vida, pero en nuestra labor jamás podemos darla por sentada. Tenemos que tenerla en cuenta y vigilar sus fluctuaciones. Ser conocido significa sentirse integrado. La tendencia a integrarse se ve asistida por dos series de experiencias: la técnica de los cuidados infantiles en virtud de los cuales el niño es protegido del frio, bañado, acunado, nombrado y, además, las agudas experiencias instintivas que tienden a reunir la personalidad en un todo partiendo desde dentro.
El desarrollo emocional primitivo va desde el nacimiento hasta aproximadamente los 6 meses de edad. Por ejemplo, mientras niños de cinco meses agarran un objeto y se lo meten en la boca, no es hasta los seis meses que el niño corriente sigue este acto con el de dejar caer un objeto deliberadamente, como parte de sus juegos. Ahora el pequeño da por sentado que su madre también posee su interior, que puede ser rico o pobre, bueno o malo, ordenado o confuso y empieza a preocuparse por la madre y su cordura y sus estados de ánimo.
Es especialmente al principio cuando la importancia de las madres resulta vital; y de hecho es tarea de la madre proteger al niño de las complicaciones que éste todavía no es capaz de entender, así como darle ininterrumpidamente el fragmento del mundo que el pequeño llega a conocer a través de ella. Solamente sobre estos cimientos es posible edificar la objetividad o una actitud científica. Todo fallo de la objetividad sea cual fuera la fecha en que se produzca, está relacionado con algún fallo en esta fase de desarrollo emocional primitivo. Sólo en base a la monotonía podrá la madre añadir provechosamente riqueza.